España abre nuevos horizontes, es su ser, le nace de las entrañas que componen las tripas de esta vieja nación. Nuestros brazos han roto los muros oceánicos para llevarnos a América, hemos levantado un puente sobre nuestras espaldas con que unir dos continentes, a la vez con los dedos del pie rozábamos la cornisa africana. Esos fueron los martillazos que forjaron el corazón de nuestra nación, la esencia nacida, no para ser enaltecida o defendida, sino para sobrevivir. Sobrevivió cuando la radicalidad y la obstinación se apoderaron de la política para el desastre y perjuicio de los mortales. España expulsa a los moriscos que labran la tierra, expulsa a los judíos que financian y sirven a la economía y a la vez alimenta con su pasto al rebaño de vagos hidalgos que Lázaro de Tormes encontrará en su camino. La tiranía y el desastre son tan españoles como la fuerza con que sobreponerse a ellos, ante nuestros ojos se abren siempre más oportunidades que ante ninguna otra nación, somos los preferidos de los dioses para elegir, los primeros ante la bandeja, pero también los señalados para errar los primeros.
Estamos ante una de las oportunidades de España, una de esas veces en que los dioses rozan nuestras montañas con sus barbas y preguntan a sus súbditos preferidos que camino quieren, que futuro prefieren. El 9 de Marzo es más que el día de las Elecciones Generales, algo más que la opción del cambio de gobierno. Ese día cada voto será una llave que abrirá una pequeña parte de la puerta que entre todos abrimos al futuro, o será una azada con la que seguir arañando las heridas de tierra que separan a los españoles entre sí.
Manuel Pizarro, el flamante número dos por Madrid, recién elegido, es una parte importante del conglomerado que debe descorrer las cortinas del tiempo y alumbrar el devenir de nuestra tribu. Su impresionante currículum, su primorosa carrera, su inagotable fuerza y la vitalidad de sus ideas son el ejemplo de lo que podemos alcanzar entre todos, el beneficio que la empresa que todos componemos, España, alcance el mayor desarrollo, y que sus accionistas, a partes iguales cada ciudadano, gocen del crecimiento, la seguridad y la fortaleza de los accionistas de ENDESA y de los socios de IBERCAJA para los que trabajó.
De igual modo Alberto Ruiz Gallardón no será el número dos tras Rajoy, y ante la noticia, los agoreros de la izquierda tratan de magnificar un hecho con el que tapar sus miedos a Pizarro. Gallardón no ha perdido ni perderá un ápice de su peso en su partido y nadie puede, negar a día de hoy, el tremendo tirón y la capacidad con que cuenta el Alcalde de Madrid. Así mismo, su futuro es el del piloto de la mayor ciudad española, puede ser el autor de unas nuevas olimpiadas en España y todo ello, sirviendo de soporte al debate y la crítica interna en un partido que lejos de sentirlo como amenaza, lo considera el ejercicio lógico y leal de quien quiere llevar adelante el mejor proyecto. Y es que Alberto no es la oveja negra, no es un díscolo ambicioso que siembre discordia, por el contrario es una de las mayores amenazas para el Partido Socialista, de ahí la lógica de convertirlo en causa y objetivo de sus ofensivas más virulentas contra el Partido Popular.
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